El dia de la cena
(Texto extraido del Sarge-Do, escrito por Mr R)
No me lo podía creer, por fin había llegado el día de la cena y lo más sorprendente era que ¡ESTÁBAMOS TODOS!
Desde Hernando contando sus chistes, hasta Rafa con sus gafas, como siempre, con un cristal medio roto. También estaban, Carlos, Oscar, Miguel, Javi y todos los que éramos desde siempre una auténtica piña.
Habíamos quedado para ir a nuestro restaurante favorito para poder comernos un chuletón. Y no un chuletón cualquiera amigos míos, sino un chuletón de 500 gramos de buey de Kobe. Ese buey que le dan cerveza y masajes. No podía más, estaba deseando que llegara ya el momento de poder cortarle, olerle y lentamente introducírmelo en la boca.
Pero antes de poder saborear este delicioso manjar, decidimos pedir unos entrantes, ya sabéis, las típicas cosas que se piden un grupo de sibaritas, Jamón de Bellota de Guijuelo o Patata confitada y queso Sant Maure con salsa de yogurt y mostaza. Todo acompañado de un buen vino, como no, Ribera del Duero.
Y ya llegó el momento estrella de la cena. Vimos desfilar a las camareras con nuestros chuletones. Según pasaba el plato por delante de nosotros un delicioso olor era captado por nuestro sentido del olfato.
Le tenía ahí delante, tan bien puesto en el plato y yo tan feliz. Levanté la vista y vi disfrutar a todos mis amigos de ese maravilloso manjar. Les miraba uno a uno y se me venían a la memoria todas las anécdotas vividas con cada uno de ellos.
Miré a mi chuletón, quería comérmele ya, pero no podía tenía miedo de que no fuera todo lo sabroso que debería de ser. De pronto, un camarero derramó sobre mi plato los restos de una mesa que ya había terminado de cenar.
Se disculpó y me dijo: “Ahora le traigo otro chuletón, señor”.
Dos minutos después cabizbajo vino y me dijo esta vez: “Señor no nos quedan más chuletones de Kobe”.
No podía ser, todo estaba yendo perfecto, todo era lo que debía de ser, pero en el momento en que tenía que haber cogido el cuchillo y tenedor y comérmele tardé demasiado.
Dirás, ¿dónde quiere ir a parar con esta historia? Muy fácil, me explicaré.
Sales un sábado por la noche con tus amigos de siempre. Estás en un momento excepcional, disfrutando de la noche, reviviendo batallitas de esas que dejan huella.
Y ya decides ponerte a sargear. Como es normal en ti, ya que eres un devorador social, te pones a hablar con alguna que otra TB. Que deliciosas son esas TBs con las que has calentado. De pronto a un lado de la pista ves a tu objetivo.
El mejor 1.70 m que haya existido jamás. Rubia, ojos claros, un cuerpo espectacular, curvas que ni Fernando Alonso podría solucionar, y un abdomen que se aprecia más duro que el hormigón armado. Encima cuando te acercas y la abres descubres que a parte de su olor excepcional y una voz que ya te gustaría a ti que te hubiera cantado nanas de pequeño, (con todo el respeto a tu madre, por supuesto, pero ahora mismo ¿a quién te gustaría tener cantándote nanas cuando eras pequeño?) es una persona verdaderamente inteligente e interesante.
Todo va como la seda, ella te gusta, tú le gustas, todo va de forma natural, tenéis ganas de besaros pero no te atreves, no estás seguro de que ella te quiera besar. Te entra miedo, no lo quieres perder, no sabes aún que va a pasar. Por lo que al final todo se diluye y se va al garete.
Sin embargo, si hubieras hecho tanto en la cena como en el sargeo una cosa, tan sólo una cosa podrías haber disfrutado de un chuletón de Kobe de puta madre y habrías cerrado o incluso más con una SuperTB.
Sabes que es esa cosa amigo mío, muy sencillo, ¡¡¡ENSEÑAR LOS DIENTES!!!
Tienes que grabarte esta frase, que ya has oído muchas veces, a fuego:
MÚERDELA O ESPÁNTALA.
Pero nosotros la vamos a decir de una forma especial: El halcón y el león siempre atacan a su presa.
Categorías: Mr R
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